Del 6 al 15 de noviembre
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12h de Cine de terror - 6a Edición

30 de junio de 1979

Nuestro pueblo vivió una noche para olvidar… ¡y para volver a pensar en ello cada vez que oímos el motor de una sierra eléctrica! Esa vez, la tradicional “Doce Horas de Cine de Terror” se convirtió en un espectáculo demencial que hizo temblar de miedo a los espectadores más valientes.

 

Una entrada escalofriante

A partir de las 21 h, la puerta de la sala se abrió con dramatismo: un mayordomo con un paño ensangrentado atado a la cabeza y unas garras de hierro daba las entradas… ¡cortándolas con unas tijeras gigantes! El ambiente ya era irrespirable, y todo el mundo empezaba a hacerse cruces de lo que vendría después.


Música y sorpresas entre las sombras

Cuando se apagaron las luces, dos músicos enmascarados hicieron una introducción con sintetizador y órgano, tocando “tenebrosas melodías” que hicieron saltar los corazones. Después, un famoso actor mutilado aparecía caminando entre las butacas, clamando presas de sus propios espíritus y haciendo llamar a los espectadores de pánico y curiosidad.


“"La matanza de Texas": el comienzo de la pesadilla

Hacia medianoche se proyectó La matanza de Texas, un clásico que dejó a todo el mundo sin aliento. Pero lo más terrorífico no era la pantalla: un “hombre-sierra” disfrazado con capa negra empezó a avanzar entre las filas con una sierra mecánica de verdad, imitando trocear huesos. Los gritos se mezclaron con aplausos: ¡quién se volaba bajo el sillón para escapar de aquel monstruo, quien se levantaba exaltado para verlo pasar por debajo!


El gran final: El Exorcista y el corazón de la noche

Casi llegando a las 23 h, se proyectó El Exorcista, y una vez los créditos aparecieron, una traca encendió la sala. Luces estroboscópicas, humo, cabezas encapuchadas entrando a toda prisa… y la sensación de una pesadilla que te perseguiría hasta el día siguiente.

Los afortunados (o masoquistas) que aguantaron hasta el final se llevaron a casa no sólo la imagen de la pantalla, sino también el eco de cadenas rompiendo cráneos y el olor a miedo a que sólo un evento como éste puede ofrecer.


Tradición renovada

Desde entonces, la Doce Horas de Cine de Terror se ha convertido en toda una leyenda local: complementos impactantes, actores escalofriantes y una ambientación tan real que nadie quiere salir de la sala… por si alguien le está esperando en la oscuridad.