La ciudad de Molins de Rei, municipio del Baix Llobregat, se extiende desde la orilla izquierda del río Llobregat hasta la sierra de Collserola. Viven unas 26.000 personas, forma parte del área metropolitana de Barcelona y está bien conectado con la capital catalana (a 20-30 minutos en transporte público) y con las poblaciones del entorno.

Cuenta con tres hoteles y apartamentos turísticos, bien comunicados y con precios competitivos, una buena opción para cualquier estancia de negocios o para descubrir tranquilamente el importante entorno natural del municipio, puerta de entrada al pulmón verde del Parc Natural de Collserola. También son una opción de descanso para quienes después necesiten acceder a Barcelona de forma rápida.

El municipio brinda al visitante historia, tradición, naturaleza, cultura y gastronomía, con un rico patrimonio arquitectónico de diferentes épocas, un fuerte tejido comercial, social y asociativo, y una variada oferta de servicios y restauración, así como fiestas populares y propuestas culturales que son referente en el territorio.

CULTURA, PATRIMONIO Y OCIO

Patrimonio arquitectónico y oferta cultural

Pasear por el casco antiguo de Molins de Rei permite disfrutar de un rico patrimonio arquitectónico de diferentes épocas.

Destaca el palacio de Requesens, de estilo gótico, actualmente en proceso de rehabilitación para convertirlo en un centro de arte y cultural dedicado al Renacimiento. Se trata de un proyecto municipal en el que colaboran el gobierno catalán y la Unión Europea a través de los fondos FEDER.

También Ca n’Ametller y el Foment Cultural i Artístic, de estilo neoclásico, o la Federació Obrera, modernista. Y, por supuesto, el edificio de la Joventut Catòlica, popularmente conocido como la Peni, sede principal de nuestro festival. Inaugurado en 1921, en periodo noucentista, pero con estética heredada del Modernismo. Estos espacios acogen gran variedad de actividades durante todo el año: música, teatro, cine, espectáculos, congresos, asambleas, conferencias, pregones, festivales, sesiones de networking…

La flamante biblioteca el Molí, finalista en los premios FAD 2020, y ubicada en los terrenos de la antigua fábrica textil Ferrer i Mora, es un espacio abierto de actividad cultural y de aprendizaje: además del servicio de préstamo (con unos 40.000 documentos) propone un amplio abanico de actividades de fomento de la lectura y la cultura, como narraciones, talleres, espectáculos, conferencias, encuentros con autores, clubes de lectura y formación en tecnologías.

En el museo de Molins de Rei hay colecciones con materiales arqueológicos encontrados en excavaciones realizadas en el municipio y alrededores, elementos arquitectónicos y escultóricos de edificios ya desaparecidos como el Palau Requesens y el Castell Ciuró y materiales etnológicos con herramientas de oficios tradicionales, además del fondo de arte pictórico, con obras de artistas como Miquel Carbonell. También se exhiben elementos singulares, como restos de los pilones de madera del antiguo puente de Carlos III. El museo fue una iniciativa de los trabajadores de la empresa textil Can Samaranch. Hasta finales de los 70 su gestión estuvo a cargo de l’Associació d’Amics del Museu, y luego pasó a ser de titularidad municipal.

Por último, no podemos dejar de mencionar tanto el Mercat Municipal, edificado en 1935 por Josep Badia y remodelado en 2007, así como la parroquia de San Miquel, inaugurada en 1942 después de que la guerra terminara con el antiguo templo, en donde destaca su cúpula con 24 mosaicos, obra de Santiago Padrós.

La candelera, tradición y modernidad

El primer fin de semana de febrero se celebra desde 1851, como antes apuntábamos, la Fira de la Candelera, considerada fiesta tradicional de interés nacional desde 2002, y referente ferial en el país.

Esta emblemática celebración molinense tiene a la agricultura como hilo conductor, pero ha ido incorporando novedades combinando tradición y modernidad: es el exponente de sectores económicos como la jardinería, maquinaria agrícola, ganado, vinos, alimentación, automóvil, anticuarios, coleccionismo y artesanía, y por otro lado acoge un amplio abanico de actividades socioculturales y festivas como el pregón, las jornadas agrarias, el desayuno de arrieros, concursos, exposiciones, conciertos, castellers, teatro, presentaciones literarias, gigantes, butifarrada popular y actividades relacionadas con el motor. Las entidades molinenses participan con stands propios, y los más pequeños disfrutan con la Fira Jove.

La Candelera es posible gracias a las iniciativas colectivas de todo un pueblo que durante muchas generaciones ha invertido esfuerzos en este proyecto de apertura y acogida.

Como dice el viejo dicho Si la Candelera plora, el fred és fora. Si la Candelera riu, el fred és viu, y nos gusta completarla con… I tant si plora com si riu, a Molins de Rei veniu!

Festa Major de Sant Miquel, Carnaval i Festa dels Tres Tombs

La Festa Major de Sant Miquel Arcàngel se celebra en torno al día del patrón de Molins de Rei, el 29 de septiembre. Las entidades molinenses se implican de forma decisiva con el desarrollo de la Festa Major: participan la colla castellera de los Matossers, los Bastoners, el Esbart Dansaire, El Cuc, el dragón del Entxuscat, los Diables, la Agrupació Folklòrica … Sin embargo, los principales dinamizadores de la fiesta son el Camell y los Gegants de Molins de Rei, figuras que también son clave dentro de la celebración del Carnaval.

Los Gegants son dos parejas: los Gegants Vells Miquel y Montserrat, creados en 1913 y los Gegants Nous Bernat y Candelaria, de 1988. Los Gegants molinenses y collas amigas de otros pueblos catalanes hacen un gran encuentro de gegants el segundo domingo de Festa Major. También tienen un papel clave durante el Carnaval, representando el baile de la burguesía que año tras año es interrumpido por la aparición de El Camell.

Aunque resulta muy difícil establecer los orígenes de El Camell, imponente figura de fisonomía fantástica, el documento más antiguo que se ha encontrado hasta ahora habla de finales del siglo XVIII, aunque la tradición podría ser muy anterior. Ese texto explica que cada año, alrededor de Carnaval, los campesinos de la villa construían un trasto terrorífico para boicotear el baile de Carnaval de las familias acomodadas de Molins de Rei. Con las arquetas de un carro y una manta hacían el cuerpo, colocaban la cabeza de un caballo muerto con dos naranjas en las cuencas de los ojos y, por medio de un ingenioso mecanismo, daban movilidad a las mandíbulas de animal. La bestia solía irrumpir el Baile de Carnaval causando correderas y chillidos. Esta tradición se hizo tan popular que la plaza de la Vila era también conocida como la plaza del Camell. Llegados a este punto, ya habrá deducido que el Camell no tiene nada que ver con un camello del desierto. Recibe este nombre por la expresión “fer el camell” (hacer el camello), que en Molins de Rei significa “hacer el animal”, “hacer el bestia” o “hacer el burro”. Así pues, el Camell actual es la recuperación y reinterpretación moderna de aquella antigua tradición molinense en forma de bestia de fuego de grandes dimensiones. Desde su recuperación en 1981, en un contexto posfranquista de reivindicación de la calle como espacio lúdico-festivo, el Camell ha ido ganando popularidad en la Vila hasta convertirse en uno de los actos centrales de la Fiesta Mayor de Sant Miquel y del Carnaval, así como también uno de los símbolos más emblemáticos del pueblo.

También cada año, y coincidiendo con la festividad de Sant Antoni Abat, se celebra la fiesta tradicional de los Tres Tombs. Caballos y carruajes salen en pasacalles por las principales calles de la ciudad, y locales y visitantes sacan a bendecir sus animales.

Gastronomía y tejido social, comercial y asociativo

Molins de Rei destaca por su tejido social, comercial y asociativo. Es una ciudad emprendedora y líder, gracias a su gente. Dos asociaciones de comerciantes reúnen a más de 600 comercios.

El Mercat Municipal (edificado en 1935 por Josep Badia y remodelado en 2007), económicamente muy activo, es un incentivo para crear y dinamizar nuevos negocios. El Mercat tiene un papel clave en la configuración de la ciudad para hacerla más sostenible a escala social, económica y medioambiental, y es la locomotora comercial de Molins de Rei Centre de Comerç. También encontramos allí el Aula Gastronómica, la segunda de Catalunya después de la Boqueria de Barcelona.

El abanico de bares y restaurantes es extraordinariamente amplio, con todo tipo de cocina, desde la comida tradicional local (con visita obligada a las tradicionales masías-restaurante) hasta la fusión más exótica importada de países lejanos. Es uno de los puntos fuertes de la ciudad, por lo que mucha gente del entorno se acerca para disfrutar de la espléndida oferta gastronómica.

Además, cada año se organizan actividades como las degustaciones gastronómicas de la Fira de la Candelera o la muestra de tapas Molins B de Gust. Durante la Fira de la Candelera muchos restaurantes ofrecen la coradella, un plato tradicional que se servía a los arrieros que venían a mostrar su producto o ganado en la Fira. Hecho a base de casquería de cordero y acompañado con vino, es un plato de labrador, de sabor intenso y muy energético, ideal para soportar las jornadas más exigentes.

Naturaleza

Con clima mediterráneo y más de un 65% de suelo forestal, Molins es también una de las mejores puertas de entrada al pulmón verde del Parc Natural de Collserola.

Hay un gran número de itinerarios en plena naturaleza, con puntos de interés como el Castell Ciuró, la ermita de San Pere Romaní, la masía de Can Santoi y Santa Creu d’Olorda.

En Molins se distinguen dos grandes unidades morfológicas: el llano y la montaña. El llano, a lo largo de la orilla izquierda del Llobregat, se mantiene a una altitud media de 20-30 metros sobre el nivel del mar. En el límite del llano con los primeros relieves montañosos se encuentra el casco antiguo de la ciudad.

La montaña ocupa el 88% del municipio y forma parte de la Serra de Collserola. Es un paisaje con picos de formas suaves (puig d’Olorda, 434 m; penyes d’en Castellví, 237 m; serra de Can Julià, 236 m; Mulei, 226 m), separados por valles donde circulan numerosos torrentes y rieras.

En la zona alta de la montaña encontramos grandes pinares de pino blanco y de piñones, combinados con pequeñas extensiones de encinares. En las hondonadas hay rincones de gran belleza y riqueza botánica.

Molins de Rei y la música metal

Molins de Rei ofrece varias citas ineludibles para los amantes de la música metal, gracias a conciertos y festivales como MOVE YOUR FUCKING BRAIN EXTREME FEST y CRASH DUMMIES METAL FEST.

Todo ello ha sido posible gracia a la asociación Metal Defenders, que nació en 2002 en Molins de Rei con el compromiso de defender y promocionar los valores estéticos, sociales y culturales vinculados al mundo de la música metal. La gran apuesta de la entidad, a la vez que la más extrema, surgió en 2006 con la creación de un nuevo festival gratuito, el citado Move Your Fucking Brain Extreme Fest (MYFBEF), abierto a todas las personas amantes del metal extremo. Esta aventura comenzó inicialmente en el Parque del Llobregat, en pequeño formato, para pasar más adelante al emblemático Death field de Molins de Rei (Avda. Collserola). Después de 15 ediciones y muchos esfuerzos, el “Move” se ha convertido en un festival lleno de esencia extrema de origen internacional y peninsular, un festival de calidad y referencia dentro del mundo del metal.

Para más información, consulta las redes sociales de la entidad: @MetalDefenders (facebook e instagram) y @MetalDef_MdR (twitter)

14a edició del festival (2018)

Foto de Roser Pascual Garcia

UNA VILLA DE CINE

Orígenes de su idilio con el cine y cronología histórica

Aparte de las fiestas tradicionales, el fuerte tejido asociativo molinense está también detrás de la gran tradición cinematográfica de la ciudad: ya en 1898 había exhibiciones de espectáculos ópticos en una carpa situada en el cruce de la Avenida Valencia y Pi i Margall. En 1900 también se hacían en el Cinematógrafo Puig, en la calle Carril 21 (posteriormente hotel La Luna), y años después, en 1912, nacía allí al lado el cine Delicias, propiedad de la familia Roca. Fundado por Jaume Bosch y Emili Puerto, lo regentaban republicanos y federalistas y abría sólo los fines de semana.

Los lerrouxistas regentaron el cine Les columnes a partir de 1912, en 1914 Adrià Gual rodó en Molins la película La gitanilla, y en 1918 se rueda un documental sobre la fábrica Conservas. En 1921 comienza la actividad cinematográfica el Foment, en 1924 en la Federació Obrera, y en 1925 en la Joventut Catòlica. En los años 30, durante la Segunda República, se proyectan filmes de vanguardia en el Foment. En 1931 se puede ver la primera película sonora: Melodías de Broadway.

Desde entonces, habría muchas aperturas, fusiones y cierres de cines. Para un recorrido más exhaustivo, puedes consultar el documento anexado “Cronología histórica del cine en Molins de Rei”, de Glòria Massana.

Cronología histórica del cine en Molins de Rei

Gloria Massana

Recorrido por los orígenes cinéfilos de la ciudad

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La semana del nuevo cine español (1964-1969)

Montserrat Cateura Solans

Cent anys de cinema a Catalunya … i la seva presència a Molins de Rei

Montserrat Cateura Solans

Nacimiento del TerrorMolins

En 1970 cierran el Savoy y la Federació Obrera, en una época de descenso de las salas molinenses. En este contexto encontramos la semilla de nuestro festival: en 1973, el cineclub buscaba ingresos para poder seguir llevando adelante su programación estable, y decidieron crear la que probablemente era la primera maratón de cine de terror del estado. Los primeros años eran 16 horas seguidas, para acabar siendo las 12 Horas de Cine de Terror de Molins de Rei. El éxito fue inmediato, era una idea nueva y fresca en un contexto histórico viejo y rígido, donde afloraban las ganas de vivir experiencias colectivas con este componente de ruptura.

Del 79 al 82 el primer ayuntamiento democrático y varios cines molinenses organizan la Semana de Cine, con nuevos creadores, cine en catalán, filmes independientes … A las 12 horas del 79 entre película y película introducen happenings de carácter terrorífico. Tras un pase de La matanza de Texas de Tobe Hooper dos encapuchados equipados con sendas motosierras provocaron sustos en la platea. Una intervención policial llevó a comisaría a uno de los actores de la performance y en parte de la organización. La cosa no fue más allá al comprobar la policía que las motosierras tenían la cadena desarmada.

Durante los años 70 y 80 se forja la mística que acompaña la maratón del TerrorMolins, pero cierto agotamiento de los promotores y del público hicieron que acabara de forma brusca en 90. En 1993 se intentó recuperar, pero sin éxito. Las 12 horas entrarían en un sueño profundo de casi una década.

En 2001 un grupo de entusiastas deciden volver a intentarlo, con ganas de hacerlo nuevo y diferente: las 12 Horas no devuelven solas, sino acompañadas de una muestra de cortometrajes, y en lugar de un único día, se apuesta por hacer tres. Cada año se van haciendo más pasos: más días, más actividades, más invitados, más público …

La primera década del nuevo siglo es un banco de pruebas de lo que acabará siendo el evento. Sólo dos años después de la reanudación, y a raíz de un acuerdo con Sitges, el certamen se rebautiza como festival, porque a pesar de que las 12 Horas eran el buque insignia, ya no son el único contenido del festival.

El festival comienza a ser reconocido más allá de las fronteras más cercanas, ya partir de 2010, la evolución ya es imparable: un concurso de microrrelatos, el TerrorKids para los más pequeños, la muestra para Institutos con alumnos de todo el Baix Llobregat , el Molins Horror Games, Gastroterror, exposiciones antológicas, publicaciones, aniversarios sonados, jurados e invitados de todas las procedencias, nuevas sedes y espacios para dar cabida a nuevos formatos, y las Jornadas Profesionales para nuevos talentos e industria.

TerrorMolins se integra en el TAC (Terror Arreu de Catalunya), en Catalunya Film Festivals, y la Federación Europea de Festivales de Cine Fantástico, gracias a la cual nuestro Festival puede otorgar cada año uno de los prestigiosos premios Méliès.

El crecimiento es exponencial: más de 150 películas por edición, 8.000 espectadores presenciales y más de 30.000 online, una media de 70 invitados cada año, casi 200 pernoctaciones de hotel durante 10 días …

Con la Candelera como referencia histórica, en Molins de Rei es tradición invitar a los foráneos a venir a disfrutar de las celebraciones más sonadas. Y el Festival, este espíritu de acogida y de orgullo ha configurado la vocación de internacionalización, la reivindicación de ser embajadores en el exterior, potenciando el talento creativo, y si éste es local, aún mejor.

El festival demuestra año tras año su potencial, mostrando Molins de Rei al mundo, con una mirada diferente, cinéfila, cultural y sin complejos. Y nuestros spots han servido para darnos cuenta que en nuestras calles, rincones, entorno y plazas tenemos un auténtico plató cinematográfico. Molins de Rei es un buen escaparate, un gran plató desde donde proyectar cómo somos y qué somos capaces de hacer. Paco Ruiz lo ha reflejado a través de varios spots del festival, y con su filmografía.

ENLACE A APARTADO HISTÓRICO DEL FESTIVAL

UN POCO DE HISTORIA

Del Paleolítico al siglo XIX

En el Paleolítico ya hay constancia de la existencia de un poblado prehistórico, y en la cova d’Or de Santa Creu d’Olorda se encontraron restos neolíticos. Los poblados del puig d’Olorda, de la Plaça de les Bruixes y de les Argiles, con origen en el siglo IV aC, son de la época ibérica.

Pero para encontrar el origen de la ciudad como tal debemos saltar al año 1188: Alfonso II el Casto, rey de Aragón y conde de Barcelona, ​​encargó a un tal “Joan dels molins” la construcción de una masía con doce piedras de molino y una acequia. De entrada solo pudo hacer la masía, y dos años después el rey le propuso a Bernat el Ferrer que forjara los hierros para hacer funcionar los molinos. Quedaron bajo responsabilidad de Bernat el Ferrer, y una de las condiciones que se le impuso fue que debería vivir allí para cuidar de los edificios. Así fue como nació el nuevo municipio.

En 1208 Molins adoptó el título de ciudad, con licencia para tener parroquia y cementerio: el obispo de Barcelona dio permiso para hacer una iglesia (Sant Miquel) en la parte alta de la ciudad, que ya contaba con más de veinte casas. La población se dedicaba al cultivo del campo, cuidaba a los animales y trabajaba en diferentes oficios.

Los caballeros hospitalarios de la orden del Temple, soldados y frailes al mismo tiempo, se instalaron en Castell Ciuró (estratégicamente situado, con vistas al valle del Llobregat) para proteger a los aldeanos de los ataques de los sarracenos.

El pueblo fue vendido o hipotecado varias veces, hasta que en 1366 Berenguer de Relat, consejero del rey Pere el Ceremoniós, compró el señorío del pueblo de Molins de Rei, del castillo de Olorda y del Castell Ciuró. Entonces el pueblo estaba formado por la masía de las doce piedras de molino con unas setenta casas por los alrededores. Todas las tierras y casas eran propiedad del rey y de los señores feudales.

En 1419 un grupo de molinenses consigue reunir capitales para la redención de la feudalidad y devolver la ciudad íntegramente a la corona. En 1430 Alfons V el Magnànim cede el pueblo a Galceran de Requesens, propietario de la mayoría de territorios del entorno. Requesens convierte Molins de Rei en baronía y hace construir un magnífico palacio donde la familia pasa largas temporadas. En 1493 se alojan los Reyes Católicos y Cristóbal Colón, y también recibe otros personajes notables.

Otro dato que muchos desconocen: fue en Molins de Rei, el 30 de noviembre de 1519, donde Carlos I fue proclamado Rey de los Romanos y futuro Emperador Electo de Habsburgo.

En 1532 se hospedaron la emperatriz Isabel de Portugal y su hijo, el futuro Felipe II de España. Hacia finales del siglo XV, sin embargo, la familia Requesens se emparenta con la nobleza castellana (entre otros los duques de Alba y los de Medina Sidonia) y se distancia de la ciudad. La baronía fue cediendo competencias a los molinenses, autorizando la apertura de establecimientos, al tiempo que arrendaba los molinos y los servicios que hasta entonces controlaban directamente, como la carnicería.

Otro momento decisivo para la ciudad fue la construcción del Puente de Carlos III, entre 1763 y 1767. Medía 334 metros de largo, tenía 15 arcadas y se hizo con piedra de gres rojizo, procedente de las cercanas montañas de Cervelló y Sant Andreu de la Barca. Molins ganó peso estratégico y pasó a ser parada obligada en el trayecto Madrid-Barcelona. Abrieron nuevos comercios y hostales, y la ciudad se convirtió en centro neurálgico para los pueblos de la comarca.

Precisamente por la importancia estratégica del puente, la ciudad sufrió varias batallas en el transcurso de la Guerra del Francés. El 7 de junio de 1808 las tropas del general Schwarz, que habían sido derrotadas en la batalla del Bruc, saquearon e incendiaron Molins. Semanas después el ejército del general Saint-Cyr ocupó los terrenos entre Molins y Vilafranca. Hubo numerosas víctimas y graves destrozos en la estructura urbana. Los daños en el Palau de Requesens provocaron la posterior parcelación de los terrenos, que configuraron lo que sería la calle Mayor.

La Tercera Guerra Carlista provocó nuevos saqueos e incendios, en 1874, pero los conflictos bélicos no fueron los únicos acontecimientos que convulsionaron la economía local: también influyeron las huelgas en la incipiente industria y la filoxera, que llegaba a finales del XIX, después de hacer estragos en los viñedos franceses y del norte del país. La plaga fue un descalabro para la agricultura local y de hecho acabó con la viña del municipio.

Del campesinado a la industria

Molins de Rei fue un pueblo agrario hasta bien entrado el siglo XX. Como en todo el país, el campesinado ha sido históricamente el principal sector económico, si bien a finales del XIX la industria ya comenzaba a crecer. La primera gran fábrica fue la textil Ferrer i Mora (conocida como el Molí) en 1858.

Hubo dos puntos de inflexión decisivos para el desarrollo económico de Molins de Rei y la comarca: la construcción del Canal de la Infanta, entre los años 1817 y 1820, y la inauguración de la línea de ferrocarril entre Barcelona y Molins, en 1854.

El Canal de la Infanta, una canalización de 17,420 km de aguas provenientes del río Llobregat, abasteció a unas 4.500 hectáreas de los campos del Valle Bajo de la comarca, con inicio en Molins y siguiendo por Santa Creu d’Olorda (absorbido en 1916), Sant Feliu, Sant Joan Despí, Cornellà y L’Hospitalet, terminando en Sants (absorbido por Barcelona en 1897). Hacía siglos que la sociedad civil del Baix y Barcelona pedía una infraestructura de este tipo, de hecho un primer canal construido en 1188, el Rec Vell, partiendo desde el Papiol abastecía molinos harineros de la banda izquierda del Llobregat, y como hemos visto propició el nacimiento de nuestra ciudad.

Volviendo a inicios del XIX, la Guerra del Francés había afectado dramáticamente a los cultivos y por tanto a la forma de vida de la gente, sobre todo por las escaramuzas que hubo entre el ejército francés en retirada y las guerrillas opositoras en el cauce del Llobregat, entre Molins y la desembocadura. La construcción del canal de riego era prioritaria, y las élites burguesas presionaron a Fernando VII, quien aceptó derogar la exclusividad monárquica en la construcción de canales. La financiación del nuevo canal fue privada, pero el convulso contexto político hacía necesario encontrar apoyos públicos, y fue Francisco Javier Castaños, Capitán General de Catalunya, el principal defensor del proyecto, que inicialmente llevaría su nombre. En 1819 cambió su denominación cuando lo inauguró la Infanta Luisa Carlota, un año antes de la finalización de las obras. Los promotores del canal, principalmente propietarios de tierras fértiles de secano, las transformaron en cultivo de regadío. De entrada se continuó cultivando cereales (trigo, avena y cebada) legumbres (guisantes, judías, garbanzos y lentejas) y árboles frutales como manzanos y perales, pero tener el agua al alcance disparó la productividad para pasar de una cosecha anual a tres o cuatro, con el consecuente crecimiento demográfico para suministrar la mano de obra necesaria para explotar las tierras.

También se incorporaron nuevos cultivos como el maíz y el arroz, con márgenes comerciales superiores a los productos tradicionales, y la energía generada por los trece saltos de agua del canal permitió implementar la industrialización de la zona. Como la toma de aguas del canal se hacía en la acequia de desagüe de los molinos y fábricas de El Papiol y Molins de Rei, los propietarios de estos terrenos reclamaron indemnizaciones por emplear aguas de su propiedad, y obtuvieron como compensación la explotación de algunos saltos de agua.

El desarrollo intensivo de la agricultura y el aumento de la población exigían nuevos servicios de transporte tanto de personas como de excedentes agrícolas. En 1854 se inauguró la línea de tren de Barcelona-Molins de Rei-Martorell, que en muchos tramos era paralela o coincidente con el recorrido del canal, lo que generó algún conflicto con los propietarios. Pero el éxito del canal fue tal que fue replicado en la margen derecha del río, para transformar en el regadío los terrenos de Sant Vicenç, Santa Coloma, Sant Boi y El Prat.

La primera industria molinense fue la fábrica de tejidos Galtés, en 1830. Contaba inicialmente con 13 telares manuales, y en 1850 ya tenía 37 y trabajaban 56 obreros. La primera gran industria mecanizada, fundada por Josep Ferrer i Mora en 1858, llegó a tener más de 3.200 obreros y 100 telares mecánicos movidos por la energía hidráulica proporcionada por el Rec Vell. A la misma actividad se irían sumando Can Coll, Can Iborra, Can Malvehí, Can Samaranch, etc. Las máquinas de vapor, gas y electricidad propias de la Revolución Industrial terminaron con la dependencia de la energía hidráulica, y comenzó el declive del canal.

El desarrollo industrial catalán de finales del XIX también había llegado a Molins de Rei. En 1890, con una población de 2.935 habitantes, había 52 comercios y 12 industrias. La principal rama industrial era el textil de capital externo. A finales de siglo, la fábrica Ferrer y Mora instalaba la primera máquina de vapor (en Inglaterra ya se empleaban desde inicios del XVIII) en sustitución de la fuerza hidráulica que había movido los molinos desde hacía seis siglos. En paralelo, las hortalizas y los árboles frutales recibieron un impulso, y la anexión de parte del término del antiguo municipio de Santa Creu d’Olorda en 1916 dio un nuevo empuje a la agricultura, que llegaría a altas cotas de exportación durante los años 30. Pero este equilibrio se iría rompiendo, durante el siglo XX las fábricas y las casas fueron ocupando terrenos de cultivo, y Molins se iría transformando en un pueblo industrial.

Convulso siglo XX

En este contexto de crecimiento económico, la ola del asociacionismo que recorre todo el país a mediados del XIX también deja huella en la ciudad. Las nuevas asociaciones, muchas de ellas con patrimonio, canalizan reivindicaciones sociales y articulan la oferta cultural.

En 1918 se crea la Federació Obrera (heredera del sindicato Les Tres Classes del Vapor) que sería expoliada por el franquismo antes de ser devuelta finalmente al municipio. La Joventut Catòlica se constituye en 1879 y en 1921 se levanta un nuevo local (actual sede principal del festival). El Foment Agrícola, Industrial i Comercial (actual Foment Cultural i Artístic) nace en 1920 y en 1923 inaugura un nuevo edificio patrocinado en gran medida por la burguesía de procedencia agraria.

Enllà, Festa, Camins, Germanor y Espartacus son las principales cabeceras de la primera mitad del siglo XX. Estas publicaciones hacían de portavoz de las entidades, a menudo con fuerte carga política. Desgraciadamente, la guerra del 36 provocó un profundo ojal en la vida cotidiana molinense, como en el resto del país, y acabó con muchas de ellas.

La estructura urbana se amplía hacia nuevas zonas al otro lado de la vía del tren, se construye la fábrica de conservas que acabará dando nombre a un nuevo barrio, también un nuevo mercado en 1935 y una escuela que inaugura el rey Alfonso XIII. La anexión de nuevos barrios en el núcleo histórico -el primero de ellos fue la Carretera- aceleraron la expansión de la ciudad.

Durante la Guerra Civil, pelotones de la FAI asesinaron a media docena de aldeanos y dinamitaron la iglesia parroquial de Sant Miquel Arcàngel, destruyendo su archivo, que databa del siglo XVI. Las tropas franquistas entraron en Molins el 25 de enero de 1939, y el 4 de febrero establecieron la gestora municipal.

La industria repuntó durante los durísimos años de la postguerra. La población inmigrada proveniente básicamente de Andalucía, Murcia y Extremadura encontró trabajo en fábricas como Samaranch, Malvehy y Torra Balari, que incrementaron notablemente su producción. Las fuertes olas migratorias -muy superiores a las que hubo a principios de siglo- se ubican en zonas de nueva construcción como Can Graner, Riera Bonet, l’Àngel y el Canal. En los 60 y 70 se dispara el crecimiento demográfico hasta doblar la población: Molins pasa de 7.364 habitantes en 1936 a 14.460 en 1970.

Como dato curioso, hasta los años 50 del siglo XX todavía se permitía el baño en el Canal de la Infanta. El número de hectáreas regadas fue descendiendo de forma constante y con el crecimiento de la ciudad la infraestructura se integró en un entorno urbano. El empeoramiento de la calidad del agua del río (se vierten materias contaminantes de la Riera de Rubí y el río Anoia) y la falta de presupuesto para construir colectores de aguas residuales convierten el canal en una macro cloaca. En los setenta, frente a la desidia de la administración central, muchos ayuntamientos como el de Molins cubren tramos del canal y desvían caudales hacia colectores. En la actualidad, gracias a las depuradoras se ha reducido la carga contaminante, pero el continuo crecimiento urbano pone en riesgo las tierras de los pocos regantes que todavía lo utilizan en tramos entre Molins de Rei y L’Hospitalet.

El puente de las 15 arcadas había resistido los bombardeos del bando nacional, pero posteriormente la extracción masiva de áridos del cauce del río minó sus fundamentos. El 6 de diciembre de 1971, la caída de un pilar arrastró dos arcadas. Hubo movilizaciones populares para salvar el puente (significativas como toma de conciencia colectiva todavía en plena etapa franquista) pero las autoridades decidieron demoler los restos y se hizo uno nuevo.

El régimen y la Iglesia controlaban las publicaciones y manifestaciones culturales también durante el tardofranquismo, pero con la transición política y el anhelo colectivo de libertad llegaron nuevas iniciativas de participación festivas y culturales: la recuperación de El Camell, bestia de fuego de finales del XIX, la celebración del Carnaval y la participación popular en la Festa Major aportaron un muy necesario aire fresco demostrando una vez más la fortaleza del tejido asociativo molinense.

En los años 80 y 90 el desarrollo del planeamiento urbanístico previsto en el Plan General Metropolitano de 1976, con los nuevos barrios de la Granja y Riera Nova, será el nuevo impulso demográfico que llevará Molins hasta los 25.000 habitantes.

Históricamente, la ciudad ha cambiado de nombre dos veces por motivos políticos: en 1873, durante la Primera República, adoptó el nombre de Molins del Pont (oficialmente del Puente). Un año más tarde, con la llegada de la Restauración borbónica, se recuperó la denominación tradicional. Durante la Guerra Civil pasó a llamarse Molins de Llobregat, siguiendo la política de eliminar los topónimos con referencias a elementos monárquicos o religiosos. Con la restauración de la Generalitat de Catalunya, en 1981, la denominación oficial de la ciudad se catalanizó de forma definitiva.

¿Caza de brujas en Molins?

En enero de 2022 el Parlament se sumó a la campaña “No eran brujas, eran mujeres” y reconoció a las mujeres acusadas de brujería como víctimas de una persecución misógina, comprometiéndose a impulsar políticas públicas encaminadas a promover la memoria de tantas mujeres condenadas, reprimidas y ejecutadas. La denuncia de este feminicidio institucionalizado puso de nuevo de actualidad la brujería en nuestro país, donde según los estudiosos, la persecución fue más violenta que en otras partes del estado, aunque en el imaginario popular tenemos más presentes por ejemplo las meigas gallegas.

Según los textos religiosos, las brujas pueden producir hechos sobrenaturales a través de la magia, ya sea de forma innata o gracias a haber pactado con el diablo. Se las ha acusado históricamente de infanticidios, control de la meteorología, misas negras, maldiciones y reuniones de aquelarre o Sabbath. Éste era un festín donde se decía que el diablo, encarnado en macho cabrío, mantenía relaciones con las brujas asistentes. Se ha relacionado a menudo la brujería europea con antiguas religiones paganas, pero en Occidente ha estado asociada a la adoración al diablo, sobre todo a la Edad Media. Elementos como la simbología de la noche y la luna, una imagen de castidad pero a la vez seductora y sobre todo la rebelión contra el poder son rasgos comunes que condenaban a las mujeres seguidoras de estas conductas. Las brujas son un icono de la cultura popular y el folclore, en especial en nuestro país.

En el siglo XIV tuvieron lugar los primeros juicios a brujas, con condenas todavía leves como amonestaciones, ayunos y peregrinaciones a Montserrat. En el siglo XV se registra en Amer el primer proceso importante, y en el XVII comienzan los años de persecución máxima, con torturas y ejecuciones. Era la actividad más ligada a la marginalidad, junto al bandolerismo y la falsificación de monedas. Cientos de mujeres fueron ejecutadas (en Europa fueron quemadas más de medio millón, en un contexto de psicosis colectiva). También se ejecutaba a brujos, pero las mujeres sufrían el 80% de los procesos. Catalunya fue uno de los focos europeos de la caza de brujas, y la zona del estado donde hubo más condenas por brujería, sobre todo entre 1618 y 1622, con procesos como el de las brujas de Vic y la bruja Napa de Prats de Lluçanès. En Catalunya no se las quemaba sino que se las colgaba, porque eran juzgadas como si fueran delincuentes comunes. La hoguera era más propia de la Inquisición, que en Cataluña tenía escasa presencia. Las ejecuciones tenían lugar en la plaza pública o en las horcas ubicadas en los caminos, donde se dejaban como parte del paisaje para asustar a la población. En el siglo XVIII la influencia de los enciclopedistas franceses frenó los procesos, pero todavía se realizaron algunos en pleno siglo XIX.

El trasiego de personas que cruzaban los Pirineos provenientes de Occitania y el carácter feudal de nuestro territorio, donde los alcaldes tenían poder absoluto, son factores que ayudan a explicar el porqué de tantos casos en nuestro país. Las mujeres acusadas de brujería en realidad simplemente tenían conocimientos medicinales, o eran mujeres independientes, percibidas como amenaza por los poderes locales, y, por cierto, estaban muy alejadas de la imagen icónica de vieja encorvada y con escoba.

Molins de Rei, junto con otros municipios de la comarca, como Martorell y Collbató, sale en el mapa de la brujería catalana. Se dice que las brujas molinenses subían a hacer sus rituales a un claro del bosque, donde ahora se encuentra el llamado Pla de les Bruixes, en el margen izquierdo de la carretera que sube a Sant Bartomeu, junto a los restos iberorromanos y el circuito de motocross.

En los juicios por brujería en Cataluña encontramos acusaciones de magia maléfica para provocar enfermedades y la muerte, pero otro ejemplo de acción maligna es la capacidad de provocar esterilidad o impotencia de las parejas y el ganado a través del fenómeno del anudado: hacer nudos con cabello, cintas, paños o hierbas para conseguir los efectos sobre el destinatario de la acción (habitualmente el marido o amante para favorecer la convivencia conyugal o evitar malos tratos e infidelidades). Tanto los textos de los varones de iglesia como las leyes civiles de la época medieval expresan la voluntad de castigar estas prácticas. La literatura moralista y los sermones de los predicadores demonizaron esta magia popular, que pasa a considerarse no como superstición, sino como indicativo de un pacto con el diablo. Uno de estos procesos lo abre en 1424 el veguer de Barcelona contra la molinense Eulàlia Llopart, acusada por su amante de haberlo “atado” con nudos e imanes para que no pudiera abandonarla.

Además del componente herético y los maleficios, otra acusación frecuente era entrar de noche en casas cerradas, para ahogar a los que vivían, secuestrar a niños o saquear despensas y bodegas. La creencia en estas cabalgatas nocturnas se refleja por ejemplo en la visita de 1304 a la parroquia de Molins de Rei, cuando los informadores acusaron de esta práctica a una mujer a la que llamaban la Salvatge (fuente: Pau Castell Granados; “Orígens i evolució de la caçera de bruixes a catalunya”).

En Can Mallol, una masía en la carretera que va de Molins a Vallvidrera, dice la leyenda que vivió la última bruja de Cataluña, Teia, que tenía el poder de convertirse en perro. Era una mujer independiente, ella sola tiraba la masía adelante, lo que inspiraba recelos entre los campesinos de la zona. Una vez, el amo de Can Busquets, la masía rival, fue a molestar a la madre de Teia, que era una mujer ciega, e hizo muchos destrozos. Según los campesinos, Teia se transformó en un perro sarnoso que fue a casa de Busquets a revolcarse en la cama. Cuando Busquets se estiró, empezó a picarle todo el cuerpo y fue a lavarse a la balsa. Allí le esperaba un enorme perro negro que le empujó y el viejo se ahogó. Los campesinos de Vallvidrera y Santa Creu d’Olorda fueron a vengarse pero según la leyenda Teia se transformó en perro rabioso, los atacó, huyó por el bosque y nunca más volvieron a verla.

Curiosamente a mitad del XIX vivió en Can Mallol una vecina de Sant Feliu de Llobregat, Enriqueta Martí, luego conocida como la vampira del Raval, acusada (falsamente) de matar a niños para quitarles la sangre y venderla a gente rica tuberculosa. Estas leyendas se construyen a menudo para desacreditar a mujeres al margen de los esterotipos. En el caso de Martí, de quien tan sólo pudo probarse un secuestro, los medios ayudaron a construir un relato macabro y sensacionalista probablemente para tapar una red de prostitución en la que estaban involucradas las élites políticas y económicas.

Está claro que muchos consideran este área de Collserola una zona mágica: Santa Creu d’Olorda, la montaña de les Encantades, el Pla de les Bruixes, la plaça de las Bruixes…

La leyenda de

LA PLASSA DE LAS BRUIXAS

artículo | texto original | traducción

(idioma catalán)


fuentes:
Molins de Rei del Passat (12)
Viquitexts

Pau Castell Granados

ORÍGENS I EVOLUCIÓ DE LA CACERA DE BRUIXES A CATALUNYA
(SEGLES XV-XVI)

tesis | apéndice

(idioma catalán)


fuente: TDX.CAT

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